Juan Manuel Montes

(13-05-2018)

El nombre de adamantio deriva del vocablo griego adamas que significa indomable, en clara alusión a su extrema dureza. La palabra diamante tiene la misma etimología. Siguiendo la misma estela, los mineralogistas actuales califican como adamantinos a aquellos minerales que exhiben extraordinaria dureza.

Así pues, el término no es nuevo, y antes de que apareciera en los cómics de superhéroes, ya se mencionaba en fuentes antiguas sobre mitología para aludir a un material especialmente resistente, el único capaz de herir o retener a las deidades.

No es de extrañar, por tanto, que con tan solemnes antecedentes las virtudes que los cómics de Marvel le atribuyen a este material sean tan extraordinarias. De acuerdo con estas fuentes fantásticas, el adamantio (adamantium) es un metal de enlace covalente libre de defectos; el material más resistente del Universo, solo superado por la aleación de acero y vibranio con la que se fabricó el escudo del Capitán América.

La propia historia del adamantio es rocambolesca. Según los cómics, fue desarrollado por el Dr. Myron Maclain, en un intento desesperado de reproducir las características de la aleación del escudo. Todos sus intentos fueron infructuosos, pero al menos obtuvo una aleación sucedánea, extraordinariamente resistente, a la que denominó adamantio. Las garras de Lobezno están hechas de adamantio.

Bonita historia… Me pregunto si existirá algún material así en este mundo.

Seducidos por el nombre, casi con toda seguridad, el primer candidato que acude a nuestra mente sea el diamante. En efecto, este es el material más duro que nos brinda la naturaleza. De manera artificial, sin embargo, el hombre ha sido capaz de desarrollar materiales más duros que el propio diamante. Por ejemplo, los denominados agregados de nanobarras de diamante (o ADNR por sus iniciales de su nombre en inglés, Aggregated Diamond NanoRods) son una forma nanocristalina de diamante, conocida también como nanodiamante o hiperdiamante, que poseen una dureza superior a la del propio diamante. Fueron fabricados por primera vez en 2003, comprimiendo grafito a presiones elevadísimas, y resultaron ser mucho más duros que el diamante convencional y ligeramente más densos.

¿Pero es solo dureza lo que perseguimos? No. De hecho, no podremos avanzar en la dirección correcta sin entender, antes de nada, que las propiedades de dureza y resistencia están más o menos relacionadas, pero que ninguna de ellas describe bien la cualidad que esperamos que tenga una espada o el mejor de los escudos. Esa preciada propiedad por la que los materiales soportan fuertes deformaciones sin llegar a romperse es lo que denominamos tenacidad. Naturalmente, el material de una espada debe ser tenaz. Y lo muy duro, no tiene por qué ser tenaz. El diamante, por ejemplo, pese a su extraordinaria dureza, no soporta golpes. La debilidad de estos materiales proviene del hecho de que ineludiblemente contienen grietas, a veces pequeñísimas, creadas desde el momento mismo de la formación del material. Cuando los materiales son golpeados, la dureza del material se vuelve su peor enemigo porque facilita el crecimiento de esas grietas, lo que termina por romper el material. El intento de superar esos inconvenientes ha forzado en los últimos años a una intensa investigación para producir materiales cerámicos (por lo general, muy duros) que sean a la vez tenaces. Hoy día ya es posible disponer de cuchillos cerámicos, que tienen la suficiente tenacidad para soportar pequeños golpes sin romperse y que nos proporcionan, debido a su dureza, un filo extraordinariamente cortante que no se desafila. Los avances logrados pasan por fabricar con menos grietas e impedir el avance de estas. Por eso, como muy bien apuntaba el cómic, el adamantio debía estar libre de defectos (grietas).

Con todo, el adamantio es descrito en los cómics como un metal con enlace covalente. El diamante tiene enlace covalente, pero los metales tienen enlace metálico. Podemos sortear esta cuestión admitiendo, como sí que es posible, que el enlace del adamantio es fundamentalmente metálico, pero con cierto carácter covalente. Las ventajas de su carácter metálico provienen de mayor conformabilidad y mayor tenacidad. ¿Podría existir un material metálico que fuera a la vez extraordinariamente duro, de dureza comparable a la del diamante? Es eso lo que buscamos.

Pues tengo que decirles que sí, que existe un buen candidato que reúne esas características. Se trata del diboruro de renio (ReB2). En abril de 2007, la revista Science dio a conocer que un grupo de investigadores de la Universidad de California en los Ángeles había conseguido sintetizar ese compuesto (el diboruro de renio), y que presentaba unas propiedades de dureza similares a la del diamante, pero con la gran ventaja de poder ser fabricado a presiones normales, lo que abarata tremendamente su coste de producción. Este compuesto se forma a partir de una mezcla de renio, un metal notable por su resistencia a la alta presión, y el boro, un metaloide capaz de entablar enlaces covalentes cortos y muy fuertes con el renio, aun cuando el enlace tenga carácter globalmente metálico. El material resultante es lo suficientemente duro como para rayar al diamante, pero conformable como un metal.

¿No es lo que buscamos? Sin duda se le parece. Tal vez el sueño se ha visto realizado.