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UN MATERIAL PARA REEMPLAZARLOS A TODOS

por Elena Cruz Fernández y Fátima Ternero Fernández

Eöl es un personaje de la mitología de Tolkien; un elfo oscuro, de los llamados moriquendi, maestro herrero como nunca hubo otro. Su interés por el mithril, que solo los enanos de Nogrod sabían obtener y domeñar, le llevó a obtener un nuevo material: el galvorn, que literalmente significa negro y brillante, acorde con su aspecto. Es uno de los numerosos materiales y objetos con cualidades fantásticas que aparecen en el universo mitológico de Tolkien. El galvorn era un material metálico, que en forma de lámina era extremadamente flexible, pero lo suficientemente resistente como para poder fabricar con él espadas y armaduras. Estas cualidades tan atractivas inspiraron al grupo de investigación DexMat para desarrollar un nuevo material.

El galvorn, nombre que le asignaron como guiño a la fuente de inspiración, fue desarrollado en el departamento de Química de la Universidad de Rice, en Texas. Desde el punto de vista teórico, los responsables del descubrimiento fueron el investigador y profesor Matteo Pasquali y el Premio Nobel de Química Richard Smalley. De su implementación resultó un novedoso material basado en redes de fibras de carbono cuidadosamente entrelazadas. Las ventajas de este tipo de estructura ya fueron publicadas en 1952, por científicos rusos. En el caso del galvorn, las fibras están hechas de nanotubos de carbono, 100 000 veces más finos que un cabello humano. Al tratarse de fibras pueden tomar forma de hilos, mallas y cintas.

Fibras de galvorn en forma de malla.
Nanotubos de carbono entrelazados formando fibras como las utilizadas para obtener el galvorn.

El borofeno

Durante muchos años se creyó que los átomos de carbono solo podían formar dos tipos de sólidos: el diamante y el grafito. Más tarde se constató la existencia de otras posibles formas de organización molecular: los fullerenos y los nanotubos. Pero el viejo grafito escondía en su seno otro material de propiedades asombrosas: el grafeno. Este consiste en una lámina de átomos de carbono de tan solo un átomo de grosor y dispuestos según un ordenamiento hexagonal que, además de su extraordinaria flexibilidad, posee una elevadísima conductividad eléctrica (entre otras muchas virtudes). Sus sorprendentes propiedades llevaron a la Unión Europea a destinar cantidades ingentes de dinero para la investigación sobre su posible aplicación en la fabricación de chips que habrían de revolucionar la electrónica. Aun cuando esa posibilidad no está agotada y puede deparar buenos resultados, una nueva sorpresa ha surgido ahora que con el tiempo pudiera destronara al propio grafeno: el carbono no es el único elemento capaz de formar láminas de grosor atómico con propiedades prodigiosas.

Un polímero que reduce los niveles de CO2 y al mismo tiempo se autorrepara

Mediante la fotosíntesis, las plantas son capaces de fijar el CO2 atmosférico y acumular cierta cantidad de carbono sólido para tareas de autorreparación. De un modo parecido, un material diseñado por ingenieros químicos del MIT (Massachusetts Institute of Technology) reacciona con el CO2 atmosférico, crece al tiempo que se fortalece e incluso es capaz de repararse a sí mismo. Tan sorprendente capacidad tendría entre sus posibles aplicaciones el de servir como recubrimientos auto reparativos, para materiales de construcción y telas de propiedades avanzadas.

La investigación ha sido dirigida por el Dr. Michael Strano, investigador del Seon-Yeong Kwak, y otros ocho investigadores del MIT y de la Universidad de California. Dicha investigación ha sido publicada en la prestigiosa revista Advanced Materials.

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